Leyendo en la bitácora “Según como se mire” me entero que en los Estados Unidos de América se está estudiando la posibilidad de utilizar distintas formas de identificación que quedan enumeradas en esta nota de Público.es y que sería conveniente todos leyeran.
Sí analizamos detenidamente los sucesos ocurridos en los últimos años comprobaremos que los estados tienden al totalitarismo y que las necesidades económicas priman sobre las necesidades y derechos del individuo.
Podremos también comprobar que a lo largo de la historia existe cierta tendencia a que una clase o grupo social se beneficie del trabajo de otra clase, por lo general más numerosa, dando las razones necesarias como para justificar ese estado de cosas. El feudalismo y la monarquía aparecen enseguida como referentes de esto, el derecho divino y la defensa común eran los argumentos más utilizados para justificar la explotación de los restantes integrantes del estado.
También en los Estados Unidos de América, quien se autoproclama la gran democracia del norte, se necesitó de una guerra civil para abolir la esclavitud y largos años de lucha para asegurar a la población negra derechos civiles equiparables a los del hombre blanco (recordar que Lyndon B. Johnson fue el presidente que, en 1965, consiguió se aprobase la ley que les daba derecho al voto).
En la actualidad solemos pensar que esa explotación o sumisión de una clase social mayoritaria por parte de una clase social minoritaria es agua pasada. Sin embargo podríamos establecer, sin grandes problemas, una base cierta que contradice esto dado que el sistema económico actual se basa en la aplicación del sistema capitalista donde es el capital, y no el trabajo, el generador de riqueza y donde los intereses del trabajador son subordinados a los intereses de los dueños del capital.
Pero el capitalismo precisa de un estado fuerte para alcanzar sus máximas cotas en cuanto a beneficios, lo que implica evitar que exista toda posibilidad de redistribuir la riqueza y un estado fuerte significa un estado colocado sobre el individuo.
Tenemos así que por una parte se propugna la implantación del liberalismo económico pero se evita hablar de liberalismo político y social. Lo que la gran empresa procura, en definitiva, es el “laissez faire, laissez passer” (dejad hacer, dejad pasar) en cuanto a lo económico pero la implantación de un férreo control estatal sobre las libertades políticas y sociales.
Y esto se une a lo comentado en la bitácora “Según como se mire” y a la noticia que puede leerse en Público.es. Se está registrando un aumento del control gubernamental sobre el ciudadano de a pie gracias a la sofisticación de las herramientas utilizadas para controlarlo dando, para ello, determinadas razones que, sin embargo, jamás podrían justificar lo que se pretende justificar sin una previa manipulación de la información que se provee a los ciudadanos.
Extrañamente, los procedimientos utilizados para manipular a la ciudadanía son similares a los utilizados por el fascismo, se crea un enemigo común, se demoniza, se hace referencia a él y a la necesidad de vencerlo cada vez que se aprueba o aumenta el control del estado sobre el individuo de manera tal que el individuo asocia el aumento del control con una mayor seguridad y se siente satisfecho sin pensar en los costos reales de esa “mayor seguridad”.
Todos los estados totalitarios han aprobado leyes que, de una u otra forma, tienen a coartar la libre expresión y favorecen la censura de la información. Todos los estados totalitarios propugnan sistemas de vigilancia que le permitan controlar no solo lo que hace un individuo, sino también lo que piensa y las últimas noticas provenientes de la “gran democracia del norte” nos dan permiso para que sintamos legítimos resquemores en cuanto a esto.
Este tipo de noticias llevan a que nos preguntemos si alguna vez nos colocarán implantes que permita al estado saber dónde estamos en todo momento bajo el pretexto de poder protegernos más eficientemente de los peligros, o si nos tatuarán códigos de barra en el dorso de la mano para identificarnos o erradicarán el uso del dinero imponiendo la tarjeta de crédito o pago como sistema final contra el delito.
Novelas como 1984 están dejando de ser obras de ficción ya que los hechos a los que asistimos diariamente nos hacen pensar que muchas de las cosas que ellas anticiparon se están concretando. Quizás, en un futuro no muy lejano, el estado pueda, al fin, saber no solo nuestros gustos y nuestros pasatiempos sino también con quien nos reunimos y acerca de qué deliberamos gracias a un ojo en el cielo.
jueves, 27 de diciembre de 2007
un ojo en el cielo
domingo, 23 de diciembre de 2007
feliz navidad

No es ni incorrecto ni correcto celebrar la navidad aunque he de aceptar que tanto ímpetu consumista visible en esta época llega a empujarme hacia el ateísmo, por no decir a la herejía. Si sumamos a esto la acción evangelizadora del Papa, la situación vigente en el entorno que nos circunda, la economía, la política, la renaciente xenofobia, el jamás aniquilado racismo, la suerte de las mujeres en países que durante mucho tiempo fueron el faro cultural de la humanidad (faro cultural, creo que la ecología me está haciendo adscribir al reciclado de metáforas), el calentamiento global y todas esas cosillas que son como piedritas en nuestros zapatos me pregunto si la navidad no sería, más adecuadamente, una día utilizable para el recogimiento y la meditación antes que una celebración por todo lo alto.
En otras palabras ¿Se ha conseguido imponer en el mundo el pensamiento cristiano? Desde mi humilde punto de vista Jesús no solo no ha triunfado, sino que la doctrina que intentan inculcarnos sus representantes en la tierra está demasiado alejada de lo que él predicó, aún cuando aceptemos lo dicho por los textos revisados del nuevo testamento.
Siempre he pensado que los diez mandamientos expresados en el nuevo testamento son no solo bonitos, sino muy adecuados para llevarnos bien aunque cueste un triunfo el seguirlos, sobre todo eso de respetar a los padres en la adolescencia y lo de no desear a la mujer del prójimo ni de pensamiento o lo de no fornicar, pero bueno, las directrices sirven para saber cuando estamos metiendo la pata y en ese sentido serían útiles. Pero también siempre he pensado que lo más importante de las enseñanzas cristianas no descansa en estos mandamientos sino en el intento de promover virtudes nuevas que destronasen las viejas virtudes.
Por ejemplo, para Jesús era una virtud ayudar a los pobres más nosotros solemos pensar que los mendigos son unos vivales y nos mostramos renuentes a darles algunos céntimos sin considerar qué, como en todo, hay mendigos vivales y mendigos legítimos y que estar en condiciones físicas de trabajar no nos da la seguridad de poder conseguir un trabajo. También intentó prevenirnos contra la codicia, actividad que hoy no solo está universalmente reconocida como virtud sino que es señal de triunfo y éxito. Nos enseñó a perdonar a aquel que no piensa como nosotros o que no vive de acuerdo a nuestros cánones (la parábola de la adúltera que iba a ser lapidada es un ejemplo) y sin embargo sus mismos representantes condenan a quienes se atreven a pensar diferente (bueno, se registra una mejora respecto a esto, ahora ya no los queman sino que simplemente hablan mal de ellos).
También Jesús predicaba acerca del compartir cuando lo aceptado hoy, a menos desde el punto de vista económico, es concentrar, nos predicó sobre el ser solidarios y ayudar al prójimo, pero no creo que nadie siente a un mendigo a su mesa en navidad para compartir su bienaventuranza. De hecho, muchas fiestas navideñas pasan por la regalomanía, el comer hasta hartarse, el criticar a los parientes y cosas por el estilo. Digamos que no aparece esto como una actitud cristiana a menos que aceptemos como cristiana la crítica, la gula y la ostentación.
A veces imagino a Jesús tomando su cabeza con ambas manos mientras nos mira desesperado diciendo su famoso slogan “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” cosa que a Rajoy ni se le ocurriría pedir mirando a los que apoyan a Zapatero.
De hecho, yo estoy criticando, así que me sumo a todos aquellos que no tienen la más mínima idea de lo que se simboliza en esta época: El nacimiento de un pensamiento distinto, opuesto, que trataba de decirnos que el mundo es de todos, que todos somos hermanos, iguales y con los mismos derechos a la existencia, que debemos pensar en el otro, que jamás debemos olvidarnos del otro, y que el sálvese quien pueda no es la manera más apropiada de entrar al reino de los cielos.
Feliz navidad a justos y equivocados, pensemos aunque sea un segundo en todos aquellos que están luchando por iniciar una vida en tierras extrañas separados de sus hijos y sus raíces, en todos aquellos que seguramente cocinarán piedras para creer que comerán algo, en todos aquellos que mueren en guerras ajenas decididas por otros, en todos aquellos que son nuestros hermanos y que, aparentemente, no gozan del derecho de ser tratados como el hijo pródigo. Deberíamos considerarnos afortunados por tener tanta oportunidad de ser solidarios, deberíamos considerarnos fracasados por no aprovechar la oportunidad y serlo.
En otras palabras ¿Se ha conseguido imponer en el mundo el pensamiento cristiano? Desde mi humilde punto de vista Jesús no solo no ha triunfado, sino que la doctrina que intentan inculcarnos sus representantes en la tierra está demasiado alejada de lo que él predicó, aún cuando aceptemos lo dicho por los textos revisados del nuevo testamento.
Siempre he pensado que los diez mandamientos expresados en el nuevo testamento son no solo bonitos, sino muy adecuados para llevarnos bien aunque cueste un triunfo el seguirlos, sobre todo eso de respetar a los padres en la adolescencia y lo de no desear a la mujer del prójimo ni de pensamiento o lo de no fornicar, pero bueno, las directrices sirven para saber cuando estamos metiendo la pata y en ese sentido serían útiles. Pero también siempre he pensado que lo más importante de las enseñanzas cristianas no descansa en estos mandamientos sino en el intento de promover virtudes nuevas que destronasen las viejas virtudes.
Por ejemplo, para Jesús era una virtud ayudar a los pobres más nosotros solemos pensar que los mendigos son unos vivales y nos mostramos renuentes a darles algunos céntimos sin considerar qué, como en todo, hay mendigos vivales y mendigos legítimos y que estar en condiciones físicas de trabajar no nos da la seguridad de poder conseguir un trabajo. También intentó prevenirnos contra la codicia, actividad que hoy no solo está universalmente reconocida como virtud sino que es señal de triunfo y éxito. Nos enseñó a perdonar a aquel que no piensa como nosotros o que no vive de acuerdo a nuestros cánones (la parábola de la adúltera que iba a ser lapidada es un ejemplo) y sin embargo sus mismos representantes condenan a quienes se atreven a pensar diferente (bueno, se registra una mejora respecto a esto, ahora ya no los queman sino que simplemente hablan mal de ellos).
También Jesús predicaba acerca del compartir cuando lo aceptado hoy, a menos desde el punto de vista económico, es concentrar, nos predicó sobre el ser solidarios y ayudar al prójimo, pero no creo que nadie siente a un mendigo a su mesa en navidad para compartir su bienaventuranza. De hecho, muchas fiestas navideñas pasan por la regalomanía, el comer hasta hartarse, el criticar a los parientes y cosas por el estilo. Digamos que no aparece esto como una actitud cristiana a menos que aceptemos como cristiana la crítica, la gula y la ostentación.
A veces imagino a Jesús tomando su cabeza con ambas manos mientras nos mira desesperado diciendo su famoso slogan “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” cosa que a Rajoy ni se le ocurriría pedir mirando a los que apoyan a Zapatero.
De hecho, yo estoy criticando, así que me sumo a todos aquellos que no tienen la más mínima idea de lo que se simboliza en esta época: El nacimiento de un pensamiento distinto, opuesto, que trataba de decirnos que el mundo es de todos, que todos somos hermanos, iguales y con los mismos derechos a la existencia, que debemos pensar en el otro, que jamás debemos olvidarnos del otro, y que el sálvese quien pueda no es la manera más apropiada de entrar al reino de los cielos.
Feliz navidad a justos y equivocados, pensemos aunque sea un segundo en todos aquellos que están luchando por iniciar una vida en tierras extrañas separados de sus hijos y sus raíces, en todos aquellos que seguramente cocinarán piedras para creer que comerán algo, en todos aquellos que mueren en guerras ajenas decididas por otros, en todos aquellos que son nuestros hermanos y que, aparentemente, no gozan del derecho de ser tratados como el hijo pródigo. Deberíamos considerarnos afortunados por tener tanta oportunidad de ser solidarios, deberíamos considerarnos fracasados por no aprovechar la oportunidad y serlo.
Texto relacionado: The resistance christmas. Entrenómadas
viernes, 21 de diciembre de 2007
preguntas sin respuesta
Aquí la palabra disidente del que no cree que el mundo tenga sentido siempre y cuando el goce sea de unos pocos. Aquí el sentimiento de derrota al ver que siempre triunfan las necesidades económicas sobre las necesidades del hombre ¿Por qué se ha permitido esta conquista? ¿Por qué el absurdo de excluir se impone sobre la necesidad del todos juntos?
Una pelota de tierra y agua suspendida en el espacio a mil años luz de cualquier otra posibilidad de vida donde se produce el alimento suficiente como para que nadie pase hambre y sin embargo el hambre existe y hay quien dice que esto es lo correcto. ¿Por qué son la ley de la oferta y la demanda y la salud de la gran empresa la ley suprema y no la solidaridad y el derecho a la existencia?
Siempre he pensado que las cosas se miran de acuerdo al lugar que uno ocupe. Esto torna impensable que un gran propietario o millonario esté de acuerdo con las leyes que limiten la propiedad o la riqueza porque, intrínsecamente, somos egoístas. Nuestra raza, la humana, no solo tiene conciencia del yo sino que también tiene conciencia de su mortalidad y saber que somos y que podemos morirnos nos torna inseguros (nada es suficiente para garantizar nuestro futuro). Sumado a esto está el instintivo afán de competencia de toda raza animada, de ser el individuo (hembra o macho) mejor dotado para la supervivencia.
Esto es, en sí, lo que provoca que nada sea suficiente, lo que provoca que tengamos que ser los mejores para no considerar que hemos siquiera rozado el fracaso y este sentimiento, este mismo sentimiento, que nos ha llevado a hacer tantas grandes cosas también nos condena al largo plazo porque ¿Qué somos?
Somos gente que considera que existen los prescindibles, que es natural que haya quien fallezca aún antes de tener la oportunidad de aportar algo, de que es imprescindible que existan diferencias para así poder asegurar a algunos la oportunidad de ser felices.
No basta con ser fuertes, hay que demostrarlo subyugando al más débil. Hay que asegurarlo impidiendo o dificultando a muchos la oportunidad de alcanzar nuestra fortaleza. Si todos fuésemos iguales nada tendría, desde el punto de vista del instinto, sentido alguno. Sobresalir es la regla.
Durante décadas nos han inculcado esto. El mejor compañero, el mejor alumno, los records olímpicos, todo busca resaltar al uno sobre el todo. Nos hemos vuelto individualistas y al mismo tiempo adoradores de las individualidades que resaltan.
Aplaudimos al diferente olvidándonos de lo necesario. Cambiamos las medidas que han de emplearse en la justicia.
Y nos decimos humanos como si ser humanos marcase una diferencia.
¿Qué es lo que se ve al mirar la selva, la jungla, la sabana? Competencia. ¿Qué es lo que se inculca desde todos los lugares de propaganda? Competencia.
¿Es buena la competencia? ¿Es bueno que existan mejores y peores? ¿Es bueno plantear la diferencia de aptos y no aptos para la vida?
Por una parte se condena a quien ayuda a un desesperado a acortar su vida, se prohíbe la eutanasia, el suicidio se condena. Por otra parte nos dicen que es inevitable que cientos y miles de seres humanos malvivan muertos de hambre, enfermos, debilitados por la inasistencia y la indiferencia ¿Cómo conciliamos estas dos realidades en un mismo planeta?
Tengo tantas preguntas sin respuesta, y este es el precio que hay que pagar por ser un ingenuo o, peor, un humanista.
Una pelota de tierra y agua suspendida en el espacio a mil años luz de cualquier otra posibilidad de vida donde se produce el alimento suficiente como para que nadie pase hambre y sin embargo el hambre existe y hay quien dice que esto es lo correcto. ¿Por qué son la ley de la oferta y la demanda y la salud de la gran empresa la ley suprema y no la solidaridad y el derecho a la existencia?
Siempre he pensado que las cosas se miran de acuerdo al lugar que uno ocupe. Esto torna impensable que un gran propietario o millonario esté de acuerdo con las leyes que limiten la propiedad o la riqueza porque, intrínsecamente, somos egoístas. Nuestra raza, la humana, no solo tiene conciencia del yo sino que también tiene conciencia de su mortalidad y saber que somos y que podemos morirnos nos torna inseguros (nada es suficiente para garantizar nuestro futuro). Sumado a esto está el instintivo afán de competencia de toda raza animada, de ser el individuo (hembra o macho) mejor dotado para la supervivencia.
Esto es, en sí, lo que provoca que nada sea suficiente, lo que provoca que tengamos que ser los mejores para no considerar que hemos siquiera rozado el fracaso y este sentimiento, este mismo sentimiento, que nos ha llevado a hacer tantas grandes cosas también nos condena al largo plazo porque ¿Qué somos?
Somos gente que considera que existen los prescindibles, que es natural que haya quien fallezca aún antes de tener la oportunidad de aportar algo, de que es imprescindible que existan diferencias para así poder asegurar a algunos la oportunidad de ser felices.
No basta con ser fuertes, hay que demostrarlo subyugando al más débil. Hay que asegurarlo impidiendo o dificultando a muchos la oportunidad de alcanzar nuestra fortaleza. Si todos fuésemos iguales nada tendría, desde el punto de vista del instinto, sentido alguno. Sobresalir es la regla.
Durante décadas nos han inculcado esto. El mejor compañero, el mejor alumno, los records olímpicos, todo busca resaltar al uno sobre el todo. Nos hemos vuelto individualistas y al mismo tiempo adoradores de las individualidades que resaltan.
Aplaudimos al diferente olvidándonos de lo necesario. Cambiamos las medidas que han de emplearse en la justicia.
Y nos decimos humanos como si ser humanos marcase una diferencia.
¿Qué es lo que se ve al mirar la selva, la jungla, la sabana? Competencia. ¿Qué es lo que se inculca desde todos los lugares de propaganda? Competencia.
¿Es buena la competencia? ¿Es bueno que existan mejores y peores? ¿Es bueno plantear la diferencia de aptos y no aptos para la vida?
Por una parte se condena a quien ayuda a un desesperado a acortar su vida, se prohíbe la eutanasia, el suicidio se condena. Por otra parte nos dicen que es inevitable que cientos y miles de seres humanos malvivan muertos de hambre, enfermos, debilitados por la inasistencia y la indiferencia ¿Cómo conciliamos estas dos realidades en un mismo planeta?
Tengo tantas preguntas sin respuesta, y este es el precio que hay que pagar por ser un ingenuo o, peor, un humanista.
jueves, 20 de diciembre de 2007
¿derechos de autor o privilegios?

Podríamos rastrear el origen de los principios que rigen a la propiedad intelectual hasta el código de leyes judías llamado Shulján Aruj sin embargo esto constituiría un simple ejercicio cultural. La historia y evolución de la idea que sostiene a la propiedad intelectual recorre distintas épocas, desde la antigua roma hasta nuestros días, ya sea patentes de inventos, patentes de software, derechos de autor o derecho de copia (copyright) y se basa en dar por supuesto que las ideas son propiedad exclusiva de quien las tiene, equiparándolas con la propiedad de la tierra que permite al dueño trasmitirla, dejarla en herencia a sus hijos, o sacar provecho económico de su usufructo.
El problema de este razonamiento es que las ideas no son equiparables a la propiedad terrena sino al fruto de esta propiedad. Doy un ejemplo sencillo:
El propietario de un terreno (campo, por ejemplo), pierde todos los derechos sobre ese terreno una vez que lo vende, de la única manera en la cual puede obtener ganancias permanentes gracias al mismo es o bien sembrando y vendiendo la cosecha obtenida o bien arrendándolo. Ahora, la propiedad intelectual es diferente en el sentido de que si este buen hombre gozara de este derecho podría obtener regalías de cada uno de los pasos en los cuales su cosecha, supongamos trigo, permite ganar dinero a alguien. Esto implica que además del monto de dinero obtenido por la venta de la cosecha, tanto el acopiador al vender la cosecha al molino y el molino al vender la harina al panadero y el panadero al vender el pan a sus clientes deben pagarle al propietario del terreno regalías por “haber ganado dinero con el fruto de su trabajo”.
Esta idea es fácilmente identificada como demencial, pero el problema con la propiedad intelectual es que confundimos el fruto del trabajo, pensar, razonar, crear, inventar, con el trabajo en sí. Es correcto que una persona reciba beneficios por el trabajo que realiza, lo que es incorrecto es pensar que el fruto de ese trabajo siga perteneciéndole en el tiempo y luego de haber recibido una paga por el mismo, trasmitiendo su propiedad a un tercero.
En resumen, el trabajo de un artista es crear y es lógico que obtenga beneficios de su labor creadora, pero así como un campesino obtiene beneficios de su labor productiva una única vez, el artista no puede ni debe pretender obtener beneficios más de una vez por el fruto de su labor. Tampoco un inventor, tampoco un científico o un actor (no analizaré la existencia de Sociedades de Intérpretes que también perciben regalías por interpretar canciones ajenas ya que su mera existencia ronda la definición de inverosímil) aunque, como sabemos, los actores no gozan todavía de derechos de autor por su manera de interpretar un papel, aunque esa manera sea su creación artística.
Es decir que o nos sinceramos y aceptamos que cuando compramos un Cd de música, un Dvd de video o un Cd de software estamos solamente comprando el soporte u arrendando el contenido, con lo cual su precio de elevado pasará a ser exorbitante o aceptamos que el fruto de una propiedad no puede gozar de los derechos inherentes a esa propiedad. Dicho más escuetamente, una vez que vendo algo ese algo deja de estar bajo mi control y/o dominio.
Ahora bien, como ya he expresado, todos aceptamos que si un campesino produce trigo y ese trigo termina como pan en la mesa de un restaurante el campesino no tiene derecho a reclamar al dueño del restaurante regalías por la explotación comercial que realiza de su trigo, por obtener beneficios del trigo que él sembró, el fruto de su trabajo, pero si un músico reclama al dueño de un restaurante que le pague regalías por estar pasando sus canciones como música de fondo , dando por sentado que la gente además de comida va a los restaurantes a consumir música, no solamente no parece descabellado sino que muchos lo aceptan como lógico y la misma ley lo protege.
Se establece, entonces, una diferenciación entre ambos tipos de trabajo, digamos que el trabajo de artista se reconoce como un trabajo creador mientras que no se le reconoce capacidad creativa a la siembra o a la producción de pan y por ello ese distingo ¿Es correcta esa distinción? Pues sinceramente, puedo imaginarme un restaurante sin música de fondo pero me cuesta imaginar un restaurante sin comida por lo que, a mi entender, la importancia de la comida es mil veces mayor para un restaurante que la música de fondo y, por lo tanto, el trabajo del campesino aparece como fundamental mientras que el trabajo del músico pasa a ocupar la categoría de secundario o no imprescindible ¿por qué entonces, la ley favorece lo secundario sobre lo imprescindible?
Reconozco el valor y la importancia del arte en una sociedad, de hecho escribo poemas, sin embargo siempre he considerado que el único derecho que el autor posee sobre obra una vez vendida es del tipo moral y es el derecho a que su nombre esté indisolublemente unido a su creación. No existe otro derecho, no es posible exigir o pretender otro derecho, solo ese.
Ahora bien, analicemos ahora las cosas desde que salen de manos del autor y pasan a manos de quien explotará comercialmente su obra, la editorial en el caso de obras literarias, las antiguamente llamadas compañías disqueras para las obras musicales, etc.
Estas empresas compran al autor su obra, la obra deja de ser del autor y pasa a ser propiedad de ellas lo que es justo y correcto, ellos son los únicos que pueden reproducir esa obra con fines comerciales, es decir, venderlas legalmente en el soporte adecuado. La copia de esa obra por parte de terceros no autorizados con fines comerciales guarda similitud con la copia de dinero por quien no está autorizado a ello, es decir, es una falsificación, constituye delito penal, y como tal debería ser tratado. Es el ánimo de lucrar con lo que pertenece a un tercero lo que establece el delito, y el delito es el de falsificación y no otro. De esta forma se respetaría el derecho de quien compra un Cd o un libro de utilizarlo con fines comerciales propios sin necesidad de imponerle un canon o multas o penas de otro tipo, doy un ejemplo.
Una biblioteca privada compraría libros y los pondría a disposición de sus clientes por una cuota mensual determinada, el cliente pide el libro, se lo lleva a la casa, lo lee (podría hasta fotocopiarlo para uso privado), y lo devuelve sin que este hecho constituya un delito. De igual forma, una radio podría emitir la música de los cd`s que ha comprado sin necesidad de pagar regalías por usar lo que es de su propiedad, etc.
El delito de falsificación, esto es, copiar algo con fines comerciales, debería estar (y de hecho lo está) penado por la ley, más el delito de copia de algo con fines privados sin la búsqueda de un beneficio comercial (sin ánimo de lucro) es parte de los derechos de ser propietario de ese algo y este derecho tendría que ser reconocido. También debería ser reconocido el derecho a ser uso correcto de nuestra propiedad con el fin de obtener un beneficio comercial de ella, esto implicaría que las emisoras de radio tienen el derecho de reproducir al aire los Cd’s que ha comprado sin que ello le implique tener que pagar regalías a quienes compusieron o editaron esa música.
El trabajo del artista es crear y por esto ha de gozar todos los derechos morales que se desprenden de ese trabajo, ha de gozar también de los beneficios del fruto de ese trabajo que se traducen en la suma de dinero que recibirá de parte de quien editará su obra, quien edita esta obra ha de estar protegido de las copias no autorizadas con fines comerciales, que han de ser consideradas como una falsificación lisa y llana y quien compra el fruto del trabajo de artista ha de poder gozar de todos los derechos inherentes a ser propietario de algo sin ningún tipo de limitación u obligación posterior a la adquisición de ese algo. De eso se trata, después de todo, el ser propietario.
El problema de este razonamiento es que las ideas no son equiparables a la propiedad terrena sino al fruto de esta propiedad. Doy un ejemplo sencillo:
El propietario de un terreno (campo, por ejemplo), pierde todos los derechos sobre ese terreno una vez que lo vende, de la única manera en la cual puede obtener ganancias permanentes gracias al mismo es o bien sembrando y vendiendo la cosecha obtenida o bien arrendándolo. Ahora, la propiedad intelectual es diferente en el sentido de que si este buen hombre gozara de este derecho podría obtener regalías de cada uno de los pasos en los cuales su cosecha, supongamos trigo, permite ganar dinero a alguien. Esto implica que además del monto de dinero obtenido por la venta de la cosecha, tanto el acopiador al vender la cosecha al molino y el molino al vender la harina al panadero y el panadero al vender el pan a sus clientes deben pagarle al propietario del terreno regalías por “haber ganado dinero con el fruto de su trabajo”.
Esta idea es fácilmente identificada como demencial, pero el problema con la propiedad intelectual es que confundimos el fruto del trabajo, pensar, razonar, crear, inventar, con el trabajo en sí. Es correcto que una persona reciba beneficios por el trabajo que realiza, lo que es incorrecto es pensar que el fruto de ese trabajo siga perteneciéndole en el tiempo y luego de haber recibido una paga por el mismo, trasmitiendo su propiedad a un tercero.
En resumen, el trabajo de un artista es crear y es lógico que obtenga beneficios de su labor creadora, pero así como un campesino obtiene beneficios de su labor productiva una única vez, el artista no puede ni debe pretender obtener beneficios más de una vez por el fruto de su labor. Tampoco un inventor, tampoco un científico o un actor (no analizaré la existencia de Sociedades de Intérpretes que también perciben regalías por interpretar canciones ajenas ya que su mera existencia ronda la definición de inverosímil) aunque, como sabemos, los actores no gozan todavía de derechos de autor por su manera de interpretar un papel, aunque esa manera sea su creación artística.
Es decir que o nos sinceramos y aceptamos que cuando compramos un Cd de música, un Dvd de video o un Cd de software estamos solamente comprando el soporte u arrendando el contenido, con lo cual su precio de elevado pasará a ser exorbitante o aceptamos que el fruto de una propiedad no puede gozar de los derechos inherentes a esa propiedad. Dicho más escuetamente, una vez que vendo algo ese algo deja de estar bajo mi control y/o dominio.
Ahora bien, como ya he expresado, todos aceptamos que si un campesino produce trigo y ese trigo termina como pan en la mesa de un restaurante el campesino no tiene derecho a reclamar al dueño del restaurante regalías por la explotación comercial que realiza de su trigo, por obtener beneficios del trigo que él sembró, el fruto de su trabajo, pero si un músico reclama al dueño de un restaurante que le pague regalías por estar pasando sus canciones como música de fondo , dando por sentado que la gente además de comida va a los restaurantes a consumir música, no solamente no parece descabellado sino que muchos lo aceptan como lógico y la misma ley lo protege.
Se establece, entonces, una diferenciación entre ambos tipos de trabajo, digamos que el trabajo de artista se reconoce como un trabajo creador mientras que no se le reconoce capacidad creativa a la siembra o a la producción de pan y por ello ese distingo ¿Es correcta esa distinción? Pues sinceramente, puedo imaginarme un restaurante sin música de fondo pero me cuesta imaginar un restaurante sin comida por lo que, a mi entender, la importancia de la comida es mil veces mayor para un restaurante que la música de fondo y, por lo tanto, el trabajo del campesino aparece como fundamental mientras que el trabajo del músico pasa a ocupar la categoría de secundario o no imprescindible ¿por qué entonces, la ley favorece lo secundario sobre lo imprescindible?
Reconozco el valor y la importancia del arte en una sociedad, de hecho escribo poemas, sin embargo siempre he considerado que el único derecho que el autor posee sobre obra una vez vendida es del tipo moral y es el derecho a que su nombre esté indisolublemente unido a su creación. No existe otro derecho, no es posible exigir o pretender otro derecho, solo ese.
Ahora bien, analicemos ahora las cosas desde que salen de manos del autor y pasan a manos de quien explotará comercialmente su obra, la editorial en el caso de obras literarias, las antiguamente llamadas compañías disqueras para las obras musicales, etc.
Estas empresas compran al autor su obra, la obra deja de ser del autor y pasa a ser propiedad de ellas lo que es justo y correcto, ellos son los únicos que pueden reproducir esa obra con fines comerciales, es decir, venderlas legalmente en el soporte adecuado. La copia de esa obra por parte de terceros no autorizados con fines comerciales guarda similitud con la copia de dinero por quien no está autorizado a ello, es decir, es una falsificación, constituye delito penal, y como tal debería ser tratado. Es el ánimo de lucrar con lo que pertenece a un tercero lo que establece el delito, y el delito es el de falsificación y no otro. De esta forma se respetaría el derecho de quien compra un Cd o un libro de utilizarlo con fines comerciales propios sin necesidad de imponerle un canon o multas o penas de otro tipo, doy un ejemplo.
Una biblioteca privada compraría libros y los pondría a disposición de sus clientes por una cuota mensual determinada, el cliente pide el libro, se lo lleva a la casa, lo lee (podría hasta fotocopiarlo para uso privado), y lo devuelve sin que este hecho constituya un delito. De igual forma, una radio podría emitir la música de los cd`s que ha comprado sin necesidad de pagar regalías por usar lo que es de su propiedad, etc.
El delito de falsificación, esto es, copiar algo con fines comerciales, debería estar (y de hecho lo está) penado por la ley, más el delito de copia de algo con fines privados sin la búsqueda de un beneficio comercial (sin ánimo de lucro) es parte de los derechos de ser propietario de ese algo y este derecho tendría que ser reconocido. También debería ser reconocido el derecho a ser uso correcto de nuestra propiedad con el fin de obtener un beneficio comercial de ella, esto implicaría que las emisoras de radio tienen el derecho de reproducir al aire los Cd’s que ha comprado sin que ello le implique tener que pagar regalías a quienes compusieron o editaron esa música.
El trabajo del artista es crear y por esto ha de gozar todos los derechos morales que se desprenden de ese trabajo, ha de gozar también de los beneficios del fruto de ese trabajo que se traducen en la suma de dinero que recibirá de parte de quien editará su obra, quien edita esta obra ha de estar protegido de las copias no autorizadas con fines comerciales, que han de ser consideradas como una falsificación lisa y llana y quien compra el fruto del trabajo de artista ha de poder gozar de todos los derechos inherentes a ser propietario de algo sin ningún tipo de limitación u obligación posterior a la adquisición de ese algo. De eso se trata, después de todo, el ser propietario.
Textos relacionados: Canon digital, la vergüenza y miles de votos. (Blog Im-Pulso de Féliz Soria)
Enlace a la plataforma Todos contra el canon
lunes, 17 de diciembre de 2007
la riqueza de las naciones
Es interesante comenzar a hurgar en el arcón de los recuerdos para encontrar definiciones y datos ya olvidados pero que, inevitablemente, han colaborado en el proceso de formación de mi ingenuidad política. De hecho debería decir a quien esté leyéndome que para aprender me baso en una serie de postulados que son los que me permiten construir esta especie de anfisbena que es mi criterio, y digo anfisbena en el total significado metafórico que puede dársele a la palabra ya que con la mente se puede, y de hecho se pudo, construir monstruos.
Estos postulados podrían ser resumidos en una serie de puntos breves como estos:
1. Nadie está libre de cometer errores, ni siquiera dios es infalible.
2. Todos tenemos el derecho inalienable a cometer nuestros propios errores.
3. Por haberte equivocado antes no sabes más que yo.
4. Que te aplaudan no implica que tengas razón, solo implica que tus pensamientos coinciden con los de la gente que te aplaude.
5. No es bueno que la gente muera si puede evitarse.
6. A todos nos gusta sobresalir de alguna forma.
7. Todos, de alguna manera, hemos arreglado alguna vez el mundo.
8. La sociedad fue la forma de oponernos a la supervivencia del más apto o ley de la jungla.
9. No hablo porque tenga algo que decir, sino porque quiero decir algo.
10. De nuestras certezas provienen nuestros futuros errores.
2. Todos tenemos el derecho inalienable a cometer nuestros propios errores.
3. Por haberte equivocado antes no sabes más que yo.
4. Que te aplaudan no implica que tengas razón, solo implica que tus pensamientos coinciden con los de la gente que te aplaude.
5. No es bueno que la gente muera si puede evitarse.
6. A todos nos gusta sobresalir de alguna forma.
7. Todos, de alguna manera, hemos arreglado alguna vez el mundo.
8. La sociedad fue la forma de oponernos a la supervivencia del más apto o ley de la jungla.
9. No hablo porque tenga algo que decir, sino porque quiero decir algo.
10. De nuestras certezas provienen nuestros futuros errores.
Cuando me lanzo al juego de pensar, pensar siempre es un juego para quien carece de poder formal o fáctico, lo primero que hago es pensar en un mundo utópico en el cual nadie pase hambre, nadie muera de abandono, nadie vea coartados sus derechos por alguien que, de alguna forma, pueda ser más poderoso. Sin embargo en mi mundo ideal persisten las diferencias o distingos porque, y esto es algo sabido por todos, el ser humano precisa diferenciarse para alejarse de la manada como identidad. En mi mundo ideal no hay imposiciones aunque sigue habiendo delitos por lo que, indefectiblemente, se necesita de leyes y normas, etc., etc.
Tomo entonces como premisas del pensamiento las simples ideas que surgen, a su vez, de mis postulados. El ser humano se agrupó en sociedades para luchar contra la ley de la selva, la supervivencia del más apto, no eran condiciones de vida aceptables para un animal consciente de su propia mortalidad y que, además, establecía lazos de afecto con los demás integrantes. Procuraban a supervivencia de todo el grupo antes que la supervivencia de solo algunos miembros aunque, también por aquellos tiempos antediluvianos, han de haber nacido las ideas de auto sacrificio gracias a las cuales uno de los integrantes del grupo se sacrificaba voluntariamente por el bien del conjunto (recalco la palabra voluntariamente).
Pero, indudablemente, diez mil años de evolución positiva (llamémosla así) no ha alcanzado a eliminar noventa mil años de instinto y dentro de cada ser humano subsisten los rasgos instintivos como en cualquier otro animal, rasgos que condicionan su manera de comportarse en grupos, de intentar destacar, de aparearse, etc. Estos rasgos instintivos también condicionan la manera de pensar del ser humano, y este condicionamiento es fácilmente identificable en cuanto se justifican medidas que parecen seguir las leyes evolutivas postuladas por Charles Darwin.
Podríamos, entonces, decir que la idea de civilización se contrapone a la idea de la evolución. La civilización implicaría un rompimiento de los postulados evolutivos y de la selección natural. Ya no sobrevive solo el más apto, al menos aparentemente, sino que la sociedad acepta que aquellos con determinadas deficiencias no solo sobrevivan, sino que gocen también de las mismas ventajas y derechos que los demás lo qué, desde un punto de vista civilizado, es más que correcto.
Sin embargo los seres humanos tienen, aparentemente, la costumbre de pensar en aptos y menos aptos desde un punto de vista orgánico, una persona con determinadas limitaciones orgánicas (un celíaco, por ejemplo) es fácilmente identificable como una persona con “problemas” o una discapacidad. Pero en el mundo moderno la capacidad de sobrevivir ya no proviene del estado físico u orgánico de una persona, al menos no solamente de eso, sino también de otras capacidades o atributos como, por ejemplo, su capacidad poder satisfacer su ambición de poder, sea este poder formal o fáctico.
De esta forma parece correcto aceptar la idea de excluir socialmente a un individuo cualesquiera a partir de su fracaso, dicho de otra manera, considerar a los pobres como seres marginales no aptos para la supervivencia en sociedad. Por esto muchos pensadores han sostenido en su momento que el Estado no ha de ocuparse de socorrer a quienes son incapaces de socorrerse a sí mismos, una idea que a poco que la analicemos se nos demuestra como totalmente de acuerdo con los postulados de la selección natural y totalmente opuestos a la idea de civilización humana.
De hecho, siempre he pensado que el éxito que han tenido el capitalismo y el liberalismo encuentra sus razones no en el hecho de que hayan funcionado para el bien de todos, sino que lo encuentran en el hecho de que han funcionado para el bien de unos pocos. Quizás crean que digo esto sin base cierta, pero si pensamos que en el mundo actual el 20% de sus habitantes disfrutan del 80% de los recursos encontramos la base sin demasiado esfuerzo.
Más, aparentemente, puede decirse que hay países pobres por no seguir las ideas liberales y países ricos por seguirlas y que la globalización de los principios del liberalismo económico garantizaría el bien de todos. A esta idea podemos contraponerles los descubrimientos de Vilfredo Pareto que es conocido como el Principio de Pareto que dice, en pocas palabras, que el 20% de las causas producirá el 80% de los efectos (las cifras no son exactas, pero demuestran una tendencia natural en la ocurrencia de las cosas). Este principio es aplicado en la economía con mucho éxito y también se aplica en el gerenciamiento empresas. Cualquier gerente sabe que el 20% de su cartera de productos es el responsable del 80% de sus ventas, o que el 20% de sus clientes producen el 80% de sus ganancias. Naturalmente, se tiende a eso.
En economía, por su parte, se sabe que naturalmente el 20% de una población disfrutará del 80% de los recursos y del poder político mientras que el 80% restante “gozará” del 20% de los recursos y de ningún poder político siempre y cuando se permita seguir el curso natural de las cosas.
Y aquí se abre paso la noción de que el Estado, pese a todo lo que se sostiene, está obligado a intervenir en la economía para evitar que las cosas sigan su curso natural, esto es, para evitar que suceda la natural concentración de la riqueza en una capa minoritaria de la nación. Sin embargo, la idea de Estado intervencionista ha sido desechada innumerables veces, siendo considerada hasta nociva para la salud de la economía de una nación. Pese a esto distintas corrientes de pensamiento dieron lugar al marxismo, comunismo, socialismo, socialismo utópico, la socialdemocracia, cuyo propósito es buscar la forma de evitar o influir en la economía para obtener, de esta forma, una distribución de la riqueza más equitativa con más fracaso que éxito.
Sin embargo el supuesto éxito del liberalismo económico está basado en la exclusión sistemática de la mayor parte de los habitantes de una nación preservando a una minoría de esa nación el privilegio de gozar sus riquezas, esto no debería verse como un éxito, a mi entender, a menos que se hable del éxito del permiso a la explotación del individuo por parte de otros individuos.
Nos queda pendiente, como sociedad, reconocer que la palabra exclusión no es asociable a la palabra civilización, que una sociedad no puede ni debe permitir que existan individuos en su interior que hayan sido excluidos del goce de los bienes producidos en esa sociedad y que ninguna teoría económica debería ser aceptada como justa o exitosa mientras existan pobres dentro de las fronteras donde se le aplica.
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