viernes, 1 de febrero de 2008

la policía como brazo represor del estado


La primera idea de un policía que tienen los niños es la de un hombre uniformado que porta una placa y un arma y cuya misión es la de atrapar ladrones y asesinos y defender la justicia. Luego crecemos y nos damos cuenta que no es así, que la misión de un policía lejos de ser la de dar seguridad y protección a los ciudadanos es la de obedecer las órdenes emanadas desde un gobierno central y que sea cual sea la filosofía o posición de este gobierno central ellos obedecerán. Esto es la perversión de una función pública, definiendo como perversión el acto de viciar con malas doctrinas las costumbres y funciones de una cosa como, en este caso, un organismo del Estado.

Los casos de
Pocho “Hormiga” Lepratti y de Pericles José Ortiz Calles son más que ilustrativas. Ambos, dos personas respetuosas de la ley moviéndose en países (Pocho en Argentina y Pericles en Venezuela) distintos, entre clases sociales diferentes (Pocho entre la clase obrera y los más humildes y Pericles entre empresarios y la clase media, media alta) que compartieron un destino común: ser asesinados sin razón ni motivo, siquiera aparente, por policías que representaban la ley en sus respectivas naciones.

El hecho de que Pocho Lepratti haya sido asesinado por la policía provincial de Santa Fe y que Pericles José Ortiz Calles por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas de Venezuela no hace ninguna diferencia. Ambos casos son originados por la pérdida de orientación de un organismo estatal que no ha logrado definir un rumbo acorde con su misión o que lo ha definido mal, equivocadamente, y que obra en consecuencia, lo que es muchísimo más peligroso. Contaré sus historias.

El día 19 de diciembre del año de 2001 Pocho Lepratti se encontraba trabajando en una escuela donde funcionaba un comedor escolar cuando los ocupantes de un móvil policial identificado por el nº.2270 y perteneciente al Comando Radioeléctrico de la ciudad de Arroyo Seco, ubicada a unos 30 km. al sur de la ciudad de Rosario, comenzaron a disparar apuntando hacia el fondo de la escuela. Consciente del peligro que significaba esto para los niños, Pocho Lepratti se sube al techo de la escuela y desde allí grita “No tiren que aquí solo hay pibes comiendo”. Los uniformados, lejos de hacerle caso, dispararon contra Lepratti con sus escopetas destrozándole la tráquea con uno de sus perdigones y causando su muerte. Pocho Lepratti estaba desarmado y jamás significó una amenaza para los ocupantes del móvil policial 2270.

Por su parte, la historia de
Pericles José Ortiz Calles es contada por Afrael en su blog ALD. En resumen, Pericles era un ingeniero en sistemas diplomado en la UNEFA que regresaba a su casa desde Caracas, donde había asistido a varias entrevistas previas a su ingreso como trabajador de una empresa de electricidad del estado luego de haber trabajado durante muchos años en el área de sistemas de empresas como Arroz Cristal y otras de su región. La última charla entre Pericles y su esposa fue a través del teléfono, él le decía que haría un alto en el camino, en la ciudad de Taguanes, para luego continuar hacia su casa. Ante la falta de noticias posteriores los familiares de Pericles comenzaron a averiguar sobre su suerte hasta encontrar su cuerpo en la morgue del Hospital Acarigua-Araure. La explicación que su esposa recibió de la muerte de Pericles era que había fallecido a causa de los impactos de bala que sufrió luego de enfrentarse a tiros con los policías de la CICPC que alegaron haber encontrado en su auto una pistola calibre 38 y altas sumas de dinero. Dada la ausencia de testigos fiables y la falta de antecedentes policiales de Pericles José Ortiz Calles no es descabellado suponer que armas, dinero y toda otra prueba posteriormente encontrada en su vehículo (en estos días al arma y al dinero se le suma una bolsa que contenía cocaína o marihuana) fuera plantada por la fuerza policial para disimular su trágico error. El diario Impulso, de Barquismeto tituló así la noticia: “Por equivocación en Acarigua Comisión del Cicpc de Lara mató a ingeniero de sistemas”.

Ambos casos muestran una forma de actuación policial que se compenetra y auto sustenta. Por una parte tenemos el asesinato desembozado realizado por dos policías que enviados por el gobierno de turno para reprimir a un grupo de manifestantes hace exposición de fuerza disparando contra una escuela y matando a una persona poco más que por gritarle. En la otra tenemos a un grupo de policías que por error matan a un inocente y que en lugar de admitir ese error y cargar con las consecuencias prefieren ocultar la verdad, transformando a una persona inocente en un criminal a fuerza de mentiras.

Ambas fuerzas policiales muestran un amplio desconocimiento de la naturaleza de sus funciones, una falta de respeto altísima, por no decir total, por las personas que les han dado la misión de protegerlas poniendo para ello armas en su mano, esperando que dichas armas sean utilizadas con responsabilidad e inteligencia. Ambas personas, Pocho Lepratti y Pericles J. Ortiz Calles eran personas de bien, que luchaban en ambientes distintos, que pensaban distinto, seguramente, pero que jamás hubiesen cometido un delito. Ambos fueron masacrados por la fuerza policial.

Ya se han ido las épocas de Luis XIV y su frase “El estado soy yo” ha de ser transformada en “El estado son sus ciudadanos”. La soberanía de una nación, el Estado de una Nación, se apoya en todos y cada uno de sus ciudadanos si es libre y democrático. Por lo tanto las fuerzas “del orden” han de aprender que los derechos y libertades de los ciudadanos que protegen no son estúpidas reglas que dificultan una investigación, sino algo que han de respetar porque de no respetarlas, todo el concepto de libertad y democracia cae por su propio peso.

Los gobernantes han de comprender, por su parte, que no pueden utilizar a las fuerzas policiales libremente y según su antojo, para disolver por la fuerza manifestaciones contrarias a su gobierno, sino que ha de utilizarlas solo y para defender a esos mismos ciudadanos que suelen amenazar aumentando la presencia policial cuando se manifiestan libremente. Por todos es sabido que los gobiernos utilizan, o han utilizado, a agentes encubiertos como agentes provocadores, personas que protagonizaban o iniciaban hechos de violencia aislados dentro de una gran manifestación para dar a la policía la oportunidad de atacar, porque atacan, no defienden, atacan aún a costa de posibles muertes.

Es esta filosofía policial que la pone al servicio del gobierno de turno para atender sus necesidades y caprichos, esta filosofía que les enseña que los derechos de un ciudadano son una cosa molesta y enojosa y no un bien público que ha de protegerse aún a costa de la vida, la que les impide comprender que el orden democrático no es un estado de cosas impasibles e hieráticas, sino un conjunto de normas, leyes y reglas que permiten a los ciudadanos manifestar libremente sus opiniones. La policía ha de comprender que cuando le ordenan cerrar un periódico solo por ser contrario a un gobierno le están ordenando romper con la ley y el orden, ha de comprender que si un miembro del gobierno le ordena arrestar a una persona solo porque esta se manifiesta pacíficamente contra ese gobierno, le está ordenando que se convierta él, el policía, en un delincuente.

Casos como el de Pocho Lepratti y el Pericles José Ortiz Calles se repiten en todo el mundo, aún en países como España, Francia, Inglaterra, supuestamente civilizados y democráticos. Son comunes en los Estados Unidos, comunes en Latinoamérica, y son causados por la disociación que existe entre los Estados y sus ciudadanos, son causados porque los gobiernos solo desean que los ciudadanos emitan votos, jamás opiniones, y en procura de esto enseñan a su brazo armado a no respetar al ciudadano, a verlo como un objeto casi prescindible.

Y esto es algo que debería comenzar a cambiar ahora mismo.

4 comentarios:

El mendigo dijo...

Me gusta como escribes porque hablas de principios.

No se trata de tu bando o el mío, unos u otros. Sino lo que hay por encima y nos une o nos separa: el honor, la honradez, la conducta recta.

Un saludo, compañero!

entrenomadas dijo...

Mis recuerdos adolescentes de la policía son poco cívicos, así que eso de fuerzas policiales que velan por el ciudadano, ná de ná.
Encima por mi trabajo he tenido que lidiar más de una vez con ellos.

En fin, que yo soy de esas que no los pueden ver ni cuando son los "buenos" en las películas.


Un abrazo, Sergio


PD: Este es el tercer comentario que dejo, espero que no se pierda como los anteriores.

Kurtz dijo...

Yo la verdad es que tengo recuerdos bastante desagradables con respecto a la policía. Demasiados prejuicios tienen muchos de ellos, que se creen con poder para hacer de todo.
Un abrazo.

Marcelo dijo...

Me parece que las causas que nos llevan a estas situaciones son principalmente la falta de tolerancia por la diversidad, el miedo al otro cuando no se lo conoce y la falta de educacion. Creo que todo esto es herencia de la violencia de la pelea por el poder una vez que se tiene el poder, maquiavelo y su llegar y mantenerse a cualquier precio. Despues existen los casos puntuales, tragicos e ilustrativos como estos y tantos otros. Pero la intolerancia, soberbia, miedo al otro y lo que podria llegar a hacer son siempre los disparadores de las conductas mas rastreras del ser humano. Tengo un gran pesar, porque creo que desde que la humanidad existe no hay nada nuevo bajo el sol, lo que no me permite ser demasiado optimista. Los bajos instintos mutaran de forma, pero seguiran estando.
Me parecio excelente tu articulo.