jueves, 24 de enero de 2008

libros y juegos


Recuerdo el libro “Un mundo Feliz” de Aldous Huxley (recomiendo leerlo al que no lo haya hecho) y de lo que trataba el mismo. Era una especie de utopía demoledora que hoy día parece extrañamente menos utópica, al igual que el libro 1984, de George Orwell, que más que relato utópico o ciencia ficción debería ser considerado literatura predictiva o relato de anticipación.

Cosas como el some, el medicamento que en la novela de Huxley el Estado ponía a disposición del ciudadano que se “sentía mal” nos hacen recordar al Prozac (aunque el some era dado gratuitamente), la necesidad que se advierte en el libro de Orwell de que existiese un enemigo y una larga y aterradora guerra de la que nadie sabe realmente nada, ni las causas, ni como se está desarrollando, nos hace recordar a una serie de enemigos tales como “el Comunismo”, quien tuvo el honor de ser el primer satán a combatir en el pasado o “el Terrorismo”, erigido como nuevo gran adversario para justificar un
gasto en material de bélico capaz de hacer empalidecer al mismísimo Bill Gates, aproximadamente 200 dólares por cada uno de los habitantes del mundo.

Resulta ilógico que el ser humano gaste más dinero en cosas para matar que en planes de
desarrollo económico a escala humana, pero es así. En nuestro mundo matar goza de una mejor posición en los rankings que salvar o alimentar, es decir que nadie parece ver mal que se fabriquen e invierta en material de guerra pero si ve mal que se alimente gratis a los hambrientos, por ejemplo, porque eso crea vagos o cosas por el estilo. Yo, sinceramente, preferiría un mundo poblado de vagos bien alimentados que uno poblado de soldados bien armados pero, como siempre, mi opinión no parece contar mucho en estos días (aunque debería aclarar que jamás contó demasiado).

La verdad es que un análisis superficial de la sociedad y sus reglas económicas nos demuestra que todo está estructurado para permitir y favorecer la desigualdad y sigue un modelo que impulsa la acumulación de riqueza, por una parte es más fácil que quien tenga mucho dinero logre ganar aún más dinero y por otra parte los gobiernos y candidatos a ser gobierno siguen creyendo que disminuyendo el volumen de impuestos que pagan las grandes empresas impulsan y sanean la economía, cuando es al contrario... aunque no tanto, ya que si los gobiernos no ceden a las pretensiones y “necesidades” (en realidad son deseos, existe una diferencia vital entre necesidad y deseo) de los grandes empresarios estos amenazan con levantar vuelo yéndose con sus empresas a países donde no importan tanto esas cosas que solemos llamar derechos humanos, derechos del trabajador y mano de obra esclava.

El problema con la desigualdad es que a los ricos no les gusta dejar de ser ricos y a los pobres no les gusta seguir siendo pobres, en la historia algunas revoluciones demuestran esto, entonces se da el suceso de que los pobres, que suelen ser la mayoría, toman las armas y pasan a cuchillo a los ricos y/o privilegiados (recordar la
Revolución Francesa) y entonces los ricos, aprendida la lección, han organizado las cosas como para que esto no se repita. Por un lado permiten a las clases más bajas votar para elegir un gobierno que, ingenuamente, pensarán que les representará y se preocupará de ellos y por otra parte se aseguran un cierto control sobre ese gobierno a través de mecanismos tales como los lobbies y la financiación de las campañas, en los EE.UU., y de la corrupción y la promesa de futuros empleos en el resto del mundo ya que aunque muchos aseguren que un desempeño previo en alguna empresa privada sería la mejor manera de asegurarnos que los políticos sean eficientes y eficaces al ocupar un cargo público se da la situación de que la mayoría de los políticos que han ocupado un cargo público consiguen altos puestos en empresas privadas sin haber tenido jamás experiencia alguna en este ámbito, es decir que aparentemente y dados los hechos es más conveniente ser primero político y luego empresario que la viceversa.

Este control sobre el gobierno que consiguen las clases sociales superiores no serviría de nada si el gobierno de marras no tuviese el poder de mantener el status quo vigente aún cuando la gente se rebele y de aquí la necesidad de contar con ejércitos bien pertrechados y motivados y cuerpos de policía más aptos para vigilar y controlar al ciudadano que para protegerlo. No quieren que se repita la lección aprendida en la
Revolución Francesa cuando el mismo ejército se pasó al bando en rebelión y el rey dejó de tener el poder de mantener las cosas bajo su control, si es que alguna vez las tuvo porque a decir verdad Luis XVI no era especialmente apto para el gobierno.

Para justificar un excesivo gasto militar es necesario tener un enemigo, nadie se opone a que su país se arme cuando está en guerra pero a nadie le gusta un supergasto militar en épocas de paz por lo que, según todos mis desvaríos, concluyo que la paz es imposible dentro de este contexto. Es decir que el mantenimiento de la situación actual necesita que existan conflictos armados en algún lugar del mundo, y que estos conflictos armados hayan de ser generados en caso de no existir. Dicho de otra manera, si no se tiene un enemigo se lo inventa y ya, sigamos que es bajada. Ahora ¿Es difícil crear un enemigo? La conclusión lógica es que no.

Crear un enemigo es fácil, las lecciones dadas por
Adolf Hitler y su adlátere Joseph Goebbels fueron bien aprendidas por todos y para crear a un enemigo solo hace falta un chivo expiatorio y generar miedo hacia él poniéndolo como la causa de todos los males y, evidentemente, es lo que se está haciendo en la actualidad con, aparentemente, mucho éxito.

Así entonces, tenemos una sociedad que no solo permite la desigualdad sino que la fomenta, permitiendo que la proporción en la cual cada ciudadano participa en el sostenimiento de los gastos del estado no sea equitativa, disminuyendo a partir de cierto volumen de los ingresos en lugar de mantener la proporción gracias a los impuestos indirectos y a las
reducciones y exenciones impositivas con las que se ven beneficiados de tanto en tanto y por las razones más extrañas (digamos que toda situación de crisis es aceptable para promover una reducción en el ingreso a la renta para los ciudadanos con mayor renta o una exención de impuestos a las grandes empresas), a su vez, se sostiene un altísimo gasto militar bajo la premisa de defenderse de enemigos reales o ficticios, enemigos que permiten, al mismo tiempo, justificar el establecimiento de ciertas medidas tendientes a vigilar y controlar las actividades de los ciudadanos limitando sus derechos civiles por motivos de seguridad interior.

Esto permite
que 450 personas disfruten de una renta igual al de la mitad de la población mundial, o que el 20% de la población mundial disfrute del 80-82% de la renta mundial, una muestra sencilla de los logros de una política que genera, en lugar de evitar, la mayor desigualdad económica en la historia de nuestro planeta.

Sin embargo y por raro que parezca, no estoy en contra de la existencia de grandes fortunas, pero me cuesta creer que una persona necesite más de mil millones de euros para ser feliz o tener bienestar de la misma forma que me cuesta creer que los bancos europeos no puedan disminuir los intereses que cobran por sus créditos, para lo cual solo han de ponerse de acuerdo y bajar la tasa que cobran por prestarse dinero entre ellos, tasa que se utiliza para fijar el valor del
Euribor y que es, a todas luces, manipulable.

La economía de estos tiempos es un edificio enraizado en lo artificial, en lo ficticio, y no puede ya explicarse por los mecanismos de la economía clásica. El dinero no tiene ya respaldo ni existe un patrón monetario concreto, por lo cual la escases o abundancia de papel moneda solo depende de la velocidad de impresión de la misma y las tasas de interés se fijan de acuerdo a la “confianza” o “desconfianza” que los bancos se tienen entre ellos lo que, a todas luces, permite un juego que siempre afecta más al que menos tiene.

4 comentarios:

pereyra dijo...

Excelente. Y lo leo en buen/mal momento, he tenido la mala suerte de ver cómo la sátira de la seguridad actuaba a pocos metros de mí. Y a pocos dias de las elecciones, claro.

Sergio G. Rabadá dijo...

Como muchos argentinos me ha tocado en ocasiones ser testigo de lo que podríamos llamar, eufemísticamente,amable disuasión policial. Siempre me resulto sorprendente que los gobiernos utilizaran esta fuerza cuando los ciudadanos ejercitan su derecho a manifestarse sin ninguna provocación previa, aunque muchas veces esas provocaciones provienen de ciertas personas cuyo trabajo paso a la historia bajo el nombre de "agent provocateur" y que la gente llama, con su sabiduría extrema, directamente infiltrados.

La policía debería estar solo para dos razones, según mi modesto entender. La primera es la de proteger al ciudadano, la segunda para actuar bajo el requerimiento judicial, jamás debería permitir que se la usara para cohartar las libertades constitucionales que, extrañamente, también pertenecen y protegen a cada uno de sus miembros.

Un abrazo y gracias por pasar.

Kurtz dijo...

omo siempre un muy buen análisis de la sociedad. Notengo nada más que añadir.

Manuel Ortiz dijo...

No en vano los gobiernos se inventaron aquello del 'estado de bienestar'. Por nuestro bien, son 'los que saben' quienes manejan el dinero. Sólo ellos los que controlan la economía, la banca, los recursos energéticos. Por nuestro 'bienestar' velan y se desvelan. Lo contrario sería dejar en manos del pueblo -ese ignorante- las riendas del gobierno. Y eso... ¡en qué cabeza cabe!