sábado, 1 de diciembre de 2007

flexibilización laboral ¿solución o problema?

La Unión Europea ha emitido un informe llamado “Situación social y situación del empleo en Europa” destinado, supuestamente, a aumentar los índices de empleo en el marco de los objetivos de la Estrategia Europea de Empleo (EEE) y de la Estrategia de Lisboa revisada.

Entre los métodos propuestos por este informe, se encuentra la propuesta de estructurar un sistema de flexiseguridad laboral basado en “la interacción de cuatro factores”:

1.la flexibilidad de los contratos;
2.el dinamismo y la eficacia de las políticas del mercado de trabajo;
3.la credibilidad de los sistemas de educación y de formación;
4.la modernidad de los sistemas de seguridad social.

Estos factores podrían implementarse a través de distintos métodos que podrían contemplar, entre otras cosas:

1.la creación de cuentas individuales y transferibles de desempleo;
2.la sustitución de todos los tipos de contrato laboral por uno solo;
3.el abaratamiento del despido;
4.la creación de un impuesto de despido para financiar la prestación por desempleo y los servicios públicos de empleo (SPE).

Según esta comisión “Como los subsidios de desempleo son relativamente elevados, la búsqueda de un puesto de trabajo se hace menos intensa y se alargan los períodos de inactividad. Este inconveniente se podría compensar coordinando el subsidio de desempleo (políticas pasivas) con la reconversión de los trabajadores hacia actividades productivas y la mejora de las perspectivas de empleo (políticas activas)”.

La flexiseguridad, leída a vuelo de pájaro, se basa en el retorno a la precariedad del trabajo. Sustituir los contratos de trabajo existentes por un solo tipo, quitaría seguramente la característica de indefinido o fijo que tienen algunos contratos, se apuesta al contrato temporal y con cláusulas tales como “el empleador deberá avisar al empleado con un mes de anticipación…”

Buscando analogías, recuerdo que los japoneses en la antigüedad construían sus casas con materiales livianos, madera, papel, por ejemplo, para que en caso de que ocurriese un terremoto y la casa se derrumbase no matase a sus habitantes. Si bien este objetivo era alcanzado, dichas casas eran extremadamente frágiles frente a incendios y ciclones (ciclón es el nombre que tiene un huracán en el pacífico, en el índico se llama monzón, supongo que podrían, también, unificar el criterio en cuanto a esto). De hecho durante la segunda guerra mundial las ciudades de Japón fueron arrasadas con bombas incendiarias en lugar de con bombas de fragmentación, y las muertes ocurridas por este tipo de bombas superan las provocadas por las dos bombas atómicas. Precarizar sus viviendas fue, para los japoneses, un paliativo más no una solución. La solución encontrada al fin muchos años después fue construir edificios de materiales sólidos que soportaran, sin caerse (al menos en teoría) terremotos, ciclones e incendios. Pero vayámonos a otra parte del mundo que es tan lindo.

Durante la hambruna de la papa, en Irlanda, ocurrida durante los años 1.845 a 1.848, un hongo exterminó las cosechas de papas o patatas, la principal fuente de alimento de los irlandeses por aquellos tiempos. Culpa de esto no pudieron pagar sus rentas y fueron desalojados de las granjas que arrendaban por los propietarios de estas granjas que vivían de sus rentas. Se calcula que durante este período 800.000 personas fueron sacadas a la fuerza de sus casas, 1 millón murió de hambre o de enfermedades asociadas a la desnutrición y 2 millones de irlandeses migraron principalmente a los EE.UU.

En aquellos tiempos nadie había, todavía, escuchado hablar de la protección del empleado. El dueño de la tierra no creía tener ninguna obligación hacia sus colonos pero sí el derecho a cobrar la renta establecida. Estos rentistas representaban el capital, la tierra, y ellos eran dueños del capital y por lo tanto quienes gozaban de todos los derechos sobre este capital. El campesino que había trabajado y cuidado de ese capital durante años, por su parte, solo poseía derechos sobre el mismo mientras pudiera pagar la renta.

En la actualidad, las cosas han cambiado, más no tanto. Los capitalistas son los dueños de los medios de producción (fábricas, máquinas, tierras, etc.) y los empleados hacen uso de estos medios para proveer a su sustento. Sin embargo, los empleados no pagan una renta a su empleador, sino que cobran de este un jornal o salario estipulado en un contrato. Esto permite al empleador gozar de lo que se llamó plusvalía, podríamos definir plusvalía someramente diciendo que todo el tiempo que un trabajador dedica a un trabajo por encima del tiempo que se necesita para pagar por su trabajo. Es decir que si un obrero en 1 hora de trabajo fabrica o presta los servicios necesarios como para satisfacer su sueldo, las 7 hs. restantes de trabajo son apropiadas por su empleador y se denominan plusvalía, esta es la base de la acumulación capitalista.

Pero el problema al que se enfrentan los empleadores es que al cambiar el concepto de renta a sueldo cambiaba la percepción de la gente respecto a la relación entre ambos. Los trabajadores se negaban a creer que todos los derechos eran de los empleadores y que todas las obligaciones eran de ellos, creían que de la misma forma en la cual ellos estaban obligados a ayudar a generar la riqueza de su empleador, su empleador estaba obligado a velar por ellos cuando llegasen las épocas malas o de escasez. Es decir que el empleador no podría, simplemente, deshacerse de ellos como antiguamente hicieron los propietarios de la tierra. Esto fue, entre otros, el origen de los grandes movimientos obreros que finalizaron por conseguir la jornada de trabajo de 8 hs. diarias, el reconocimiento de las horas extraordinarias, el derecho a períodos de descanso, la seguridad en los lugares de trabajo, etc.

La propia filosofía capitalista habla de la maximización de los beneficios, esto implica extraer todo el beneficio necesario de una inversión dada, no solo la mayor parte de él. Es decir que cualquier empresa hoy en día, tiende primero a producir beneficios y una vez logrado a recortar los gastos en los que incurre para generar estos beneficios. Si el dueño o directorio de una empresa tiene la posibilidad de recortar o aumentar el número de su fuerza de trabajo según el vaivén de sus ventas sin costos extras, lo hará. La indemnización por despido, la rigidez de ciertos contratos de trabajo, evitan que el empleador haga uso de ellos como antiguamente el rentista con los campesinos irlandeses. Los trabajadores lucharon, y consiguieron, que el empleador aceptase que contrae obligaciones para con quienes son el origen de su fortuna. De esta forma si un trabajador es despedido por su empleador sin causa justa, ha de pagarle lo suficiente como para que este no esté condenado a la mendicidad o al hambre. De igual forma, cuando un trabajador llega al fin de su “vida útil” (de máxima productividad), posee el derecho a cobrar una pensión o jubilación adecuada. Esto no son dádivas, son derechos ganados a pulso luego de años de lucha activa.

El subsidio de desempleo es una forma en la cual la sociedad en su conjunto devuelve al trabajador parte de lo que este ha colaborado en su sostenimiento. No es un “beneficio” puro como muchos parecen creer, sino una justa retribución por el tiempo trabajado.

¿Por qué, entonces, este tipo de organismos manifiestan métodos de preservación y desarrollo del empleo tan contrarias a la experiencia real? Se basan en la creencia de que un empleador tomará empleados si le es barato contratarlos y despedirlos cuando en realidad lo que procurará hacer es reconvertir la fuerza laboral de fija a temporal y en la creencia, equivocadísima, de que trabajar es un “beneficio” en lugar de un derecho.

Cuando se habla de que todas las personas tienen derecho a un trabajo digno, se está diciendo que nadie puede ser explotado por su empleador. Y dar al empleador el poder de despedir sin costo a una persona hasta por razones injustificadas priva de ese derecho a la persona porque otorga al empleador la fuerza necesaria como para cambiar las condiciones de contratación bajo la amenaza de prescindir de sus servicios.

Promover planes o sugerir sistemas de desarrollo del empleo sin tener en cuenta la filosofía imperante en las empresas es un error muy común y muy repetido. Se basa en la utilización errada de indicadores macroeconómicos como el viejo y perimido índice de renta per cápita en lugar del índice de Gini que es un ratio entre los ingresos de las distintas clases que componen un país, ya que es mucho mejor decir que la renta per cápita en España es de unos 22.000€ antes que decir que el índice de Gini es de aproximadamente 38% (y aunque no lo parezca, es bastante bueno).

domingo, 25 de noviembre de 2007

¿tu también bruto?


El autor de la bitácora De vuelta y media ha recibido un mail de un estudio de abogados que representa a la empresa de publicidad Vuelta y media de la ciudad de Alicante para que en el plazo de una semana cambie el nombre de su bitácora so pena de verse envuelto en una demanda legal por infringir la ley de marcas y la ley de competencia desleal. Sin embargo, un dominio no es una marca. Haber registrado el dominio http://www.vueltaymedia.com/ no prohibe que se registre el dominio http://dvueltaymedia.blogspot.com/ ya que ambos son diferentes, no se prestan a confusión, no entran en competencia en cuanto al producto que ofrecen y uno de los interesados no tiene ánimo de lucro, ni fin mercantil, ni nada que lo haga proclive a ser amenazado por haber infringido las leyes de marras.

Que sea una agencia de publicidad la que amenace con iniciar esta demanda le da un tinte kafkiano a este asunto, más cuando esta intente explicar a quien sea en que la perjudica la existencia de un blog llamado de vuelta y media, cuantos negocios ha perdido por su culpa y cuanto dinero ha ganado este blog al "explotar comercialmente" su nombre cuando el blog mencionado NO tiene ánimo de lucro.

Me pregunto, y esto seguramente será padre de alguno de esos post caídos del catre que suelo escribir, si a los jueces los eligen por su falta de sentido del humor o si no les importa correr el riesgo de que se mueran del ataque de risa que podría causarles el recibir una demanda de este tipo.

cuando cien es más que mil

En la actualidad hay innumerables agrupaciones que defienden distintos ideales. Entre ellas podemos encontrar algunas encomiables, que defienden la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer o que intentan impulsar la toma de conciencia acerca del calentamiento global mientras que también es posible encontrar otras que mantienen ideales segregacionistas y xenófobos, algunos hasta violentos. Sin embargo ambos tipos de agrupaciones pueden definirse como grupos de presión y sus maneras de actuar poseen muchos puntos de contacto. ¿Qué son los grupos de presión? ¿Cómo actúan? ¿Cual es su mecanismo? De esto trata el siguiente post.

La estructura de poder de un Estado cualesquiera no concluye con la simple enumeración de quienes lo ejercen formalmente sino que también ha de tenerse en cuenta que contraponiéndose a ellos existen otros poderes o contrapoderes que a través de los distintas formas de presión (pública, económica, armada, etc.) influyen en el poder formal. Estos contrapoderes del poder formal reciben el nombre de grupos de interés y pueden diferenciarse, según actúen desde dentro o fuera del ámbito gubernamental, en interiores, conocidos como factores de poder, y exteriores, llamados grupos de presión.

En la práctica, todo factor de poder o grupo de presión comienza como grupo de interés pasando a ser uno de estos a partir del momento en que comienzan a realizar actividades destinadas a influir en la estructura del poder formal.

La forma de actuar de los grupos de presión es visible, a través de medios de prensa, manifestaciones callejeras, marchas, etc. mientras que en contrapartida los factores de poder internos al gobierno son nada o poco visibles.

Mancur Olson (1932 – 1998), economista y sociólogo estadounidense propuso que "sólo un incentivo individual y selectivo estimularía a una persona racional de un grupo latente a actuar con un espíritu grupal", es decir que los individuos actuarán colectivamente para obtener bienes privados y no bienes públicos.

En “El nacimiento y declive de las naciones” desarrolla, entre otras, la hipótesis de que en todos los países tienen, con el tiempo, a aparecer pequeños grupos que tendrán los incentivos necesarios como para formar grupos de presión para intentar influir en la política a su favor sin importar si comprometen, o no, el desarrollo económico del estado.

Es decir que según Olson el interés de los grupos de presión se caracteriza por ser de carácter privado, es un sistema a través del cual un pequeño grupo de individuos puede conseguir imponer sus necesidades y deseos a la totalidad de una población. Olson trabaja más sobre los grupos de presión de índole económica que sobre los grupos de presión de índole idealista, la diferencia entre ambos es que los primeros buscan un beneficio puramente económico (sindicatos, asociaciones empresariales, etc.) mientras que los segundos procuran, en la teoría, promover beneficios trasladables a una gran parte de la población (ecologistas, feministas, etc.).

Estos grupos suelen utilizar un discurso maniqueísta, blanco o negro, sin matices. No discuten sus ideas, las mismas se elevan como verdades inapelables por lo cual no hay forma de negociación posible. Estas con ellos o contra ellos. A diferencia de los grupos de presión económica los miembros de los grupos de presión idealistas encuentran otro tipo de beneficios privados, como por ejemplo la de ser referentes sociales, tener un objetivo o meta personal e intransferible y otros beneficios de tipo sicológico.

Esta forma de pensar les da una firmeza comparable a la de los primeros mártires del cristianismo. Como sabemos, saberse dueño de la verdad es una característica que transforma a las personas, poco a poco, en fanáticos. Al igual que el fascismo, demoniza al contrario siendo el contrario todo aquel que no apoya sus ideas. Son sectarios, tienen a adoptar una estructura en la cual un grupo pequeño, a veces un grupo de afinidad, desarrolla y decide que se hará mientras que el resto de sus integrantes, ajenos a este núcleo, son usados como piezas sin poder de decisión o influencia interna.

Con el tiempo, estos grupos suelen ser infiltrados por personas que buscan un trampolín para alcanzar a satisfacer sus necesidades de trascendencia personales. Muchas personas han accedido a cargos políticos luego de haber militado en grupos de presión. También en muchos de sus integrantes, especialmente los del núcleo directivo que establece las metas y las estrategias para alcanzarlas, se despierta esta ambición política y buscan, a través del apoyo del grupo de presión al cual pertenecen y la relevancia pública alcanzada con la militancia, acceder a cargos eleccionarios.

Indudablemente, si se analizan los hechos de manera fría y objetiva, se deduce que a los grupos de presión idealistas no les interesa la opinión de la mayoría. Simplemente están convencidos de que su accionar es en beneficio de la mayoría esté, o no, de acuerdo esta mayoría. Si bien no son multitudinarios controlan un caudal de votos que, aunque no permiten ganar una elección, sí permiten decidirla (tengamos presente que las elecciones se deciden por un porcentaje de votos que ronda, normalmente, el 5%).

La coherencia entre sus miembros, la fidelidad a las decisiones del núcleo director, explica que sus integrantes acostumbren obedecer las directivas de estos, es decir que si el núcleo central ordena votar por un determinado candidato que, al menos en apariencia, apoya los ideales del grupo o se manifiesta comprometido con ellos un altísimo porcentaje de los miembros del grupo así lo hará, ya que aunque la ideología política del candidato (socialismo, conservadurismo, etc.) no coincida o sea totalmente opuesta a la ideología política particular de algunos de sus miembros estos están dispuestos a sacrificarla en beneficio de los objetivos del grupo.

Por esta razón, la estructura de poder formal suele satisfacer las demandas de los grupos de presión para asegurarse su apoyo, aún cuando estas demandas sean contrarias al interés o a las necesidades económicas del mismo Estado. En algunos casos, las demandas de los grupos de presión son lógicas y beneficiosas para la mayoría de las personas (podemos enumerar entre ellas las conseguidas por las feministas, el movimiento ecologista, el movimiento por los derechos humanos, etc.), pero dado que el grupo de presión subsiste siempre y cuando posea una meta que alcanzar, con el transcurso del tiempo y de las victorias se ven obligados a fijarse metas no solo más ambiciosas sino también más dictatoriales (la ley seca en los EE.UU. es el más claro ejemplo de esto).

Por ello, siempre es conveniente tener en cuenta que el principio de la mentalidad de los grupos de presión es el de “nosotros tenemos la verdad, ellos están equivocados” y que la ausencia de matices, la no aceptación de que el otro tenga una parte de razón o verdad en su pensamiento es la forma de actuar que caracteriza el pensamiento absolutista y que el pensamiento absolutista genera, a la postre, más males que beneficios.

viernes, 23 de noviembre de 2007

El tercero autoexcluido


Durante muchos años de mi vida me he comportado como el tercero autoexcluido. Tenía compañeros, salíamos juntos de ronda pero jamás participé de sus guarrerías y gamberradas sino que parecía observar todo, incluyéndome a mí, desde afuera, de una manera similar a la que cuentan aquellos que se mueren sin morirse. Tampoco contaba nada de lo que hacía, sino solo lo que pensaba. Para muchos de mis conocidos mi vida es casi un reino de sobre-entendidos (lo que a veces lamento) más que de certezas. No solía hablar de mujeres o cosas por el estilo y recién le dije a mi madre que estaba de novio, presentándole a la interfecta cuando supe que posiblemente me casara con ella (con la interfecta, no con mi madre).

Esa condición más la de ser una especie de hombre de goma que se amoldaba a cualquier hueco, resquicio, situación y circunstancia me permitieron meterme en lugares vedados para algunos. En muchos de los sitios por los que solía andar yo era “el otro” pero pese a serlo jamás me convertí, gracias a dios, en un chivo expiatorio de los males ajenos. También poseo un elevado sentimiento de autocrítica pero más sobre lo que pienso, sobre mi manera de pensar, que sobre lo que hago (de otra forma no me hubiese atrevido jamás a escribir poemas o post de este tipo), tengo, por así decirlo, dos principios básicos: “Nadie posee la verdad” es el primero y el segundo “cuando más amplio el criterio más profundo alcanzas a mirarte”.

Por esto, muchas veces, re-examino lo que digo o pienso para ver si no me he equivocado o si he pecado de necio, cuando generalizo, por ejemplo, sé que me he equivocado y trato de volver atrás en mis pasos aunque no siempre lo consiga.

He pedido muchas veces perdón y jamás he pedido a nadie que se disculpe conmigo, creo en el poder de decisión de mis semejantes y ellos sabrán decidir si han o no han de darme sus disculpas. Creo en dios, en un dios muy a mi manera, un dios que mira y piensa y jamás juzga ni interfiere. Un dios bastante cómodo, por cierto, al que veo como a un padre comprensivo y no como a un dictador autoritario.

No soy ni machista ni feminista, creo que la mujer es exactamente igual al hombre excepto en el hardware que utilizamos para el sexo, ni ellas ni nosotros somos mejores, solo iguales y como tal las trato. También evito caer en arquetipos aunque a veces no lo consigo porque, después de todo, el pensamiento humano es paradigmático.

No creo en la violencia como solución ya que generalmente crea más males que el mal que supuestamente soluciona, no creo que “ser iguales a los ojos de dios” obligue a todos los humanos a tener los mismos gustos, las mismas preferencias. No creo en la fronteras porque el mundo es uno y todas las fronteras son una creación humana destinadas más a definir el lugar “que es nuestro” aunque vender la tierra tenga tanto sentido como comprar un planeta. La antigüedad solo nos da derecho a ser viejos pero jamás podría ser considerada como una razón lógica para extender títulos de propiedad o cosas por el estilo.

Formé mi criterio a una edad a la que los demás ya lo poseían, por eso aún puedo ampliarlo, me gusta aprender, leer y discutir sobre lo leído y aprendido.

No creo en el tiempo como dimensión real, lo considero más una creación humana que permite vender agendas, también creo que la mayoría de los legos que explican la Teoría de la Relatividad no la han comprendido cabalmente, pero esto es relativo.

Soy el que soy y así me admito. Diré lo que quiera decir y hablaré de lo que quiera hablar porque no concibo otra manera de hacer las cosas. Me equivocaré tanto como cualquiera y pediré perdón porque es correcto pedirlo y volveré a escribir y meter la pata porque es la única forma de aprender que he conocido. Los errores enseñan, los aciertos hacen que nos pensemos infalibles.

Tómese esto como una declaración de principios.

jueves, 22 de noviembre de 2007

el menos común de todos los bienes


Este texto nace como respuesta a un post en el blog Im-Pulso, de Félix Soria, y decidí trasladarlo aquí por corresponderse con la temática que deseo tratar en Espejos y Dragones al que he tenido un poco abandonado. Afortunadamente existen personas como Félix que actúan como disparadores del pensamiento con sus escritos más allá de que se coincida o no con su punto de vista. Por mi parte, la mayoría de las veces coincido.

La glorificación del Estado y la estructuración de su poder bajo un modelo totalitario, que interviene de manera absoluta en todas las actividades de la vida socioeconómica (educación, política, economía, cultura, etc.) de una comunidad o nación, colocando a todos sus componentes bajo un régimen colectivo donde desaparece el individuo como centro de la actividad política para reemplazarlo por un Estado cuya única misión es lograr un ideal por el cual todos los individuos han de sacrificarse, de ser necesario, para alcanzar los objetivos y metas que conducirán a engrandecerlo es un somero resumen del modelo fascista.

Sintetizando más, todas las libertades y derechos de los individuos se subordinan a las necesidades del Estado y es el engrandecimiento del Estado el supremo objetivo de la nación. Desde este punto de vista no existen los derechos individuales inviolables sino que todos son sacrificables de acuerdo a las necesidades del momento.

Ahora, existe una manera encubierta de fascismo que se basa en reemplazar la palabra Estado por "bien común". En este caso, los derechos inviolables de los individuos pueden ser sacrificados si el "bien común" lo exige, una muestra de ello es la Patriot Act en los EE.UU.

Si tenemos en cuenta que el poder del Estado emana del individuo que delega, a través del voto, la autoridad necesaria para administrar el territorio bajo su responsabilidad, debemos aceptar que ningún individuo y ni uno solo de los derechos del individuo es sacrificable por parte del Estado. Es decir que por ninguna razón un Estado debería poder, por ejemplo, limitar el libre tránsito de una persona dentro de sus fronteras a menos que esta persona haya faltado a la ley, vista la ley como un pacto de convivencia realizado y aceptado por todos (o la mayoría de esos todos).

Sin embargo y poco a poco el Estado va introduciéndose en áreas que no solo no son de su competencia sino que, la mayoría de las veces apelando a la razón, pasan por encima de los derechos individuales. ¿Ejemplos?

El Estado puede exigir a las empresas fabricantes de automóviles que sus productos estén provistos de todos los sistemas de seguridad conocidos, pero no puede obligar al individuo a utilizar estos productos mientras no afecte a la seguridad de los demás. Cuando una ley nos obliga a colocarnos el cinturón de seguridad amenazándonos con una multa se está invadiendo, por parte del Estado, el derecho a decidir del individuo por más que esta ley parezca acertada y conlleve a cumplir los superiores objetivos del "bien común" (léase Estado). Este tipo de cosas, razonables y lógicas en una primera lectura, van acostumbrando al individuo de una forma tal que este deja de percibir el avance del poder del Estado sobre sus derechos y lo hace más propenso a aceptar nuevos avances como algo natural.

El individuo tiene el derecho inalienable de decidir sobre su vida, también tiene derecho a una vida digna y el derecho a una vida digna conlleva en sí el derecho a una muerte digna pero esto, la eutanasia y la eutanasia asistida, no es admitido por casi ningún Estado.

Hemos olvidado que la Nación no es el territorio, sino cada una de las personas que conviven en ella, y digo conviven porque quienes rompen las normas legales viven pero no conviven por lo cual la sociedad los separa sin, por esto, tomar venganza (lo que quita sostén a la pena de muerte).

Este tipo de cosas van introduciendo en el sentido común la forma de pensar característica del fascismo. Se subordina todo a un utópico "bien común" que no se encuentra definido ni tiene entidad por si mismo sino que posee la entidad que cualquiera quiera darle en un momento determinado.

Es decir que el "bien común" puede ser en determinado momento el impulsor de un fin noble pero también puede ser el impulsor de conductas xenófobas y belicistas.

Por esto, muchas personas que se creen alejados de lo que implica la palabra fascismo pueden llegar, sin darse cuenta, a tener actitudes fascistas y votar a quienes se expresan de esta manera. Realmente están convencidos que la lucha por el "bien común" justifica los medios que se utilicen para alcanzarlos, después de todo, los grupos de presión, a los que tanto estamos acostumbrados, que luchan para conseguir determinados objetivos no se diferencian demasiado del accionar fascista.

Y estos grupos de presión no son todos malos, como los que hicieron la manifestación xenófoba que motivó uno de los post de la bitácora Im-Pulso, sino que algunos persiguen fines nobilísimos. La satanización de las empresas contaminantes, por ejemplo, es usada por los grupos ecologistas. La satanización de los fumadores es usada por los que promovieron y promueven la ley antitabaco.

Y es este aprendizaje el que permite que muchos acepten lo inaceptable.

Pero, indudablemente, el "bien común" sea lo que sea jamás se conseguirá con el sacrificio de los derechos ya sea de pocos o de muchos.

Que el Estado se construye desde el individuo y no el individuo desde el Estado es algo que siempre deberíamos tener en cuenta si deseamos evitar el totalitarismo.