miércoles, 10 de junio de 2009

¿Por quien vela la economía?

Si pudiésemos deshacernos de las supuestas verdades económicas que gracias a la fuerza de la repetición se han transformado en los axiomas sobre los cuales se basan las distintas teorías en boga en la actualidad podríamos ver las cosas con un prisma diferente. Pongamos, por dar un ejemplo, bajo la lupa a la famosa “ley de la oferta y la demanda”, que a grandes rasgos nos dice que si la oferta de un producto supera la demanda el precio de ese producto baja, mientras que si la oferta de un producto es inferior a la demanda el precio de ese producto se incrementa. Esta ley es parte de lo que se conoce como “mano invisible del mercado”, la que, supuestamente, regula la salud de los mercados económicos.


En la practica, cuando el precio de los productos crece tenemos inflación, y cuando el precio de los productos disminuye, tenemos deflación, si traemos a este escenario la ley de la oferta y la demanda los ciclos inflación, deflación, aparecerían como naturales, un producto subiría su precio hasta que la demanda bajase y luego disminuiría su precio hasta que la demanda comenzara a incrementarse nuevamente y así se conseguiría una situación de equilibrio, pero no de equilibrio estático, sino de equilibrio dinámico, como la situación de equilibrio que tiene un péndulo al oscilar.


Sin embargo, tanto frente a un escenario inflacionario como deflacionario los economistas hablan de crisis, crisis inflacionaria y crisis deflacionaria, pero no mencionan la palabra crisis desde el punto de vista de “cambio” ya que un período de crítico es un período de cambio, sino bajo la óptica de su otro significado, el de peligro o riesgo. Por lo tanto, los mismos economistas que sostienen la idea de “la mano invisible del mercado” sostienen que hay que intervenir para evitar que aparezcan los efectos que produce esa “mano invisible”.


¿Cuáles son los remedios propuestos para una época de inflación? Teniendo en cuenta que la inflación se produce, por lo general y de acuerdo a lo comúnmente aceptado, por un exceso de liquidez en el mercado, se aconseja reducir esa liquidez y la mejor manera de reducir esa liquidez, cosa que el mercado haría naturalmente aumentando los precios, es congelar los salarios y flexibilizar los contratos laborales. De esa forma los salarios quedarían inmóviles frente al crecimiento de la desvalorización del dinero y se obtendría, a cambio, una reducción real del poder adquisitivo que tendería a aumentar la velocidad de aparición de la caída de los precios. Igualmente, la flexibilización de los contratos laborales incentivaría a los productores a tomar más trabajadores para incrementar su producción y un aumento de producción repercutiría, también, en la bajada de precios de los productos.


Pero cuando los precios comienzan a caer se anuncia una nueva crisis, la deflación, dando como origen de la deflación a la caída de los índices de consumo, y para luchar contra la caída de los índices de consumo, provocado también por una baja liquidez monetaria en el mercado, se aconseja la reducción pactada de salarios y la reducción de la protección laboral, esto es, la flexibilización de los contratos laborales. Ante índices negativos de inflación se constata que el poder adquisitivo de los salarios se incrementa, por lo cual y para evitar que el costo del trabajador crezca para la empresa es aconsejable reducirlo, adecuándolo a este índice de manera que las empresas no sufran un recorte drástico en sus beneficios. Por otra parte, si es barato contratar empleados se supone que las empresas contratarán más ya que esto no implicaría una carga demasiado onerosa en sus beneficios y estarían más dispuestas a correr el riesgo.


Dos problemas distintos, las mismas soluciones ¿Esto es economía?


Si para combatir un exceso de liquidez en el mercado es aconsejable congelar los salarios ¿No sería aconsejable incrementarlos para combatir la falta de liquidez? Como se advierte, en algún punto existe una fala de razonamiento, pero no del razonamiento en sí, sino del punto a partir del cual se razona. Ambas líneas argumentales parten de las necesidades de las empresas, no de las necesidades de las personas.


Esto es lo que provoca que para aumentar o disminuir la liquidez en el mercado las medidas drásticas siempre se focalicen en los trabajadores y las ayudas en las empresas. Cuando hay que aumentar la liquidez todos los Estados hacen uso de sus fondos para inyectar liquidez a través del sistema financiero, o la inyectan a través de las empresas productivas a través de subvenciones o del recorte de la carga fiscal que soportan. Las medidas siempre se producen con el fin de aumentar o mantener la rentabilidad de las empresas, jamás para aumentar o sostener la capacidad adquisitiva de la persona de la calle, la gente de a pie.


Esto nos recuerda las medidas tomadas en Inglaterra en la época medioeval, cuando la peste había reducido tanto la población campesina que por primera vez los campesinos pudieron aspirar a conseguir mejoras en sus condiciones de vida. La ley prohibió los aumentos salariales, prohibió el libre tránsito entre las distintas comarcas, etc. Todas las medidas que se implantaron en aquellos tiempos estaban destinadas a mantener el status del señor feudal.


Cambiemos, entonces, la palabra feudal por la palabra empresa o empresario y tendremos una idea más o menos clara de lo que está sucediendo en la actualidad.


Pareciese ser que es adecuado que los distintos estados salgan a socorrer las grandes instituciones financieras, las grandes empresas mientras que es inadecuado que el Estado socorra a la gente de a pie. Dicho de otra forma, si un Estado socorre a la gente de a pie es acusado de paternalista, sin toma medidas que procuran regular y controlar la vida de bancos y empresas es acusado de intervencionista pero si por el contrario un Estado toma medidas destinadas a socorrer a las grandes empresas y a las entidades financieras se lo considera desarrollista, que apuesta al crecimiento económico, y si toma medidas destinadas a controlar y regular los derechos y la situación de los trabajadores es considerado, por los mismos economistas, un Estado económicamente serio, que hace lo que se tiene que hacer.


Por supuesto, un Estado que proteja a bancos y empresas más que a la gente de a pie podrá aspirar a un crecimiento del Producto Interno Bruto pero también provocará que ese crecimiento del PIB se concentre en estas empresas y bancos. En realidad, el crecimiento económico no es suficiente para generar el bienestar social, es necesaria también la justicia social, es decir, la forma en la cual este crecimiento económico se distribuye entre el total de la población de un Estado.


Todas las medidas que, según hemos escuchado, se han tomado en los EE.UU. y en los países de la Comunidad Económica Europea están destinadas al apuntalamiento y sostenimiento del sistema financiero y de ciertas empresas, no a socorrer a la gente. Todas las medidas que se han puesto en marcha, préstamos a los bancos, reducción de impuestos a las grandes empresas, créditos y subvenciones para comprar vehículos, etc., favorecen la concentración de la riqueza, favorecen al empresariado, no al contribuyente de a pie y, por lo tanto, difícil es que la gente de a pie vea una mejora en su situación personal al corto o medio plazo.


Se sigue con la idea de que lo primordial no es resolver el problema, sino mantener el status quo vigente, y eso es gracias a la categoría de axioma que han alcanzado las teorías económicas que sustentan el liberalismo económico, teorías que, según demuestran los hechos, solo conducen a crisis cada vez más profundas, a aumentar la exclusión social, a aumentar la diferencia entre pobres y ricos.


¿No debería crearse un nuevo sistema económico para reemplazar a este sistema que, y siempre de acuerdo con los hechos, ha demostrado que no es favorable ni es capaz de satisfacer las necesidades de la mayoría? ¿Es correcto favorecer a una minoría alegando que de esa manera se sostiene el bienestar general aún cuando somos testigos de cómo ese bienestar general se cae a pedazos?


Indudablemente las teorías económicas vigentes cojean de un pie y ese pie es siempre el mismo, indudablemente las crisis favorecen la acumulación de riquezas en capas específicas de la población, indudablemente las crisis aumentan el número de excluidos sociales y esto es así, aún cuando después traten de disfrazarse las realidades con estadísticas.



2 comentarios:

Wiliam Ajanel dijo...

Hola Sergio:

Antes que nada, decirte que es un post muy bien estructurado, las ideas son bastante claras [con cierta inclinación hacia un discurso socialista, debo decirlo] pero toca aspectos importantes como el manejo de la inflación y deflación, economía inorgánica le llamo yo.

Solo hay un punto que quisiera traer a cuenta, es el tema de la ley de la oferta y la demanda, en este post de un colega, está mejor explicado como se utiliza a modo de falacia tal ley: http://porantonomasia.wordpress.com/2009/04/07/la-falacia-de-la-ley-de-la-oferta-y-la-demanda/

El problema amigo, es que la ley de la oferta y la demanda, y la mano invisible, solamente funciona, si y solo si en un ambiente de total libre mercado, todo lo contrario a los neo mercantilismos que poseemos en muchos países que se llaman a si mismos capitalistas.

Fuera de todo ello, me parece totalmente válido tu argumento, yo también comparto tales posturas, sobre todo en el manejo del intervencionismo económico, el proteccionismo y los favores "políticos".

Un saludo

Sergio G. Rabadá dijo...

William: Leído el post recomendado el cual comparto pero en mi caso solo deseaba dar una idea a grandes trazos de lo que sostenía esa ley y de como se interviene para controlar los precios aún en las supuestas economías más liberales.

Lo que deseo resaltar en mi post es que pese a existir teorías económicas y a existir gente que entiende esa teoría (gurús económicos les llaman) las crisis siguen existiendo y ocurriendo de manera impredecible para la mayoría y, por otra parte, quienes aciertan al predecir una crisis acertaron en que la crisis ocurriría, pero no cuando ocurriría.

La otra cosa que deseaba destacar es que la mayoría de las soluciones que se proponen para capear una crisis económica, por no decir todas, se basan en ajustar el cinturón a los de abajo mientras se ayuda a los de arriba y, he de reconocerlo, es cierto que esto suena socialista pero la experiencia me ha llevado a creer en un modelo social más cercano al socialismo que al capitalismo o sus vertientes.

Gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario.

Un abrazo.